1- los chicos de un lado y las chicas del otro.
2- Los de Boca en un extremo, los de River en otro, y los de otros cuadros en el medio.
3- Por orden alfabético.
4- Por el largo del pelo.
Si uno salía de la línea, perdían todos, continuando con el criterio usado en el encuentro anterior en el juego de la silla. Había también algunas prendas para cuando alguno tocaba el agua que debían responder entre todos: decir tres formas de cocinar un huevo, 6 medios de transporte, etc.
A diferencia del juego de la silla, en este sí se ayudaron y se organizaron para ir de un lado al otro. Igualmente, para cuando llegamos a la cuarta consigna varios ya estaban hartos y prefirieron ahogarse a seguir navegando. Pero en principio participaron todos.
El dominó humano.
Otra vez este juego involucra el cuerpo en una dinámica de organización. También es un intento de socializar un juego de por sí individual.
Se dividió en dos grupos, a cada uno se le repartieron fichas típicas de dominó pero más grandes que debían pegarse en la espalda. Entonces se jugó al dominó humano: cada jugador-ficha se fue acostando boca a bajo de acuerdo a las reglas del dominó. Cada equipo tenía que mirar al compañero para saber qué ficha tenía en su espalda y así ir decidiendo quién es el próximo jugador-ficha que iba a acostarse.
Resultó un poco lento y fue difícil lograr una reflexión conjunta.
La casa con globos.
Es un juego que apunta a la división de tareas para lograr construir una casa hecha de globos. Algunos tendrán que dedicarse a inflar los globos, otros a cortar la cinta, otros a pegarlos, etc. Así, esto puede ser un disparador acerca del proceso de trabajo o acerca del tema de la vivienda. La idea es que el diseño se logre entre todos, sin embargo, no logramos que esto ocurra. También resulta destacable el impacto visual que genera este juego.
Se dividió al curso en tres grupos, a cada uno se le entregó un sobre grande que en su interior contenía las consignas para hacer una casa de globos. Todos los grupos debían usar 100 globos, cinta de papel, 6 “canutos” de papel higiénico, una caja de huevos y una o dos bolsas de plástico. Un grupo debía hacer una casa de tres paredes con una chimenea en la cual entrasen Seba y Lu (dos coordinadores) arrodillados, otro grupo debía hacer una casa de cuatro paredes con dos ventanas en la cual entrase Mario (otro coordinador) sentado y un tercer grupo debía hacer una casa con cuatro paredes y una ventana del tamaño de Flor (una coordinadora más) arrodillada.
El cuerpo humano.
Repartimos telas con agujeros en donde los chicos debían poner las cabezas. Así, sin pautas, se formaron grupos, algunos de dos, otros de cinco, de acuerdo a la cantidad de agujeros que tenían las telas. Les dijimos a los chicos que tenían que caminar al compás de los aplausos sin romper la tela y sin chocarse con otro grupo. Luego, les dijimos que entre todas las telas se formaba un muñeco, y les señalamos cual era el cuerpo (tela más larga con cinco agujeros = cinco integrantes), así los chicos se acomodaron formando un cuerpo humano entre todos. Atamos las partes, les dijimos que se sienten así veían el muñeco, y lo dibujamos en el pizarrón. Entonces fuimos dando consignas para que, primero, se mueva cada parte por separado (por ejemplo “la pierna izquierda”) y después se relacionen, por ejemplo: “se toca la pierna derecha con el brazo izquierdo”.
Finalmente, Mario (uno de los coordinadores) aportó el toque surrealista y dijo: “ahora el muñeco se para”, y ¿qué pasó? Stephie se transformó en la coordinadora y empezó a juntar mesas a la altura de la cabeza del muñeco, los integrantes de la cabeza (que eran 4), se subieron y el resto nos fuimos agachando hasta que los de las piernas del muñeco quedaron acostados en el piso... el muñeco se paró, nuestro surrealismo de papel se hizo carne y movimiento en los cuerpos de los chicos.
Juegos cooperativos.
El juego de la silla cooperativo.
El juego clásico de la silla es así: hay varias sillas en el medio, cuando suena la música o las palmas todos caminan alrededor y cuando para, deben sentarse y el que se queda sin silla pierde. Cada vez se van sacando más sillas.
En el juego cooperativo de la silla se intenta que todos participen y que los desafíos sean grupales para que los jugadores tengan que ayudarse, de modo que nadie pueda perder a menos que pierdan todos.
Es igual que el juego de la silla que todos conocemos pero si un participante queda afuera pierde todo el grupo.
Los pibes se divirtieron mucho y nosotros también pero no logramos que ellos asimilen realmente la idea de que si uno queda afuera pierde todo el grupo. Lo entendían, pero todos “sabían” que si quedaban afuera iban a ser vistos por el resto como los perdedores. Por eso lo charlamos en la ronda final.
Fútbol atados.
Es un fútbol mixto pero cuyo objetivo es lograr que las capacidades diferentes se compensen. Requiere una buena relación entre los dos sexos.
Se dividió al grupo en dos equipos. Luego en cada equipo formamos parejas mixtas. Entonces se ataron a las parejas de los pies (atamos a los varones por su pie izquierdo y las chicas por el derecho) y de uno de los brazos. Después se jugó al fútbol.
El juego dejó muchos chicos y chicas afuera, aquellos que no se animaban o no querían juntarse con los del sexo opuesto. Para los que participaron cumplió con su objetivo.
El herido.
Es un juego por postas que inventamos para neutralizar ciertos roles: los de dos chicos que por un lado se habían vuelto demasiado inquietos y por el otro tenían la necesidad de llamar la atención. Así decidimos darles un rol absolutamente pasivo, aparentemente fundamental por ser único pero realmente inútil. Ellos eran los heridos de cada grupo, aquellos que todos debían salvar pero que a su vez estaban condenados a la inmovilidad.
Es interesente pensar que si se diseña otro marco para esta historia (y, por supuesto otras consignas) el juego puede transformarse en cualquier otra cosa, desde un ejemplo histórico particular, hasta una situación determinada de la vida cotidiana.
Dividimos en dos grupos por colores de cinta de papel creppe. Le dijimos a cada grupo que era un pueblo distinto, que venía de una guerra y que cada pueblo tenía un herido. El herido lo predeterminamos nosotros, en un grupo fue Jhonnatan y en otro fue Christian. El objetivo del grupo era transportar al herido hasta el hospital, pero para ello no podían dejarlo solo ni dejar de tocarse entre todos los integrantes del grupo. El herido tenía sus piernas encintadas y le estaba prohibido moverse. Así, en un extremo del patio se ubicaron los dos grupos, cada uno tenía un sobre que le indicaría cómo debía llevar al herido hasta el otro extremo del patio y volver. A la cuenta de tres comenzaron a leer. Este mecanismo de los sobres se repitió tres veces, las consignas fueron:
- Cargar al herido en la silla, levantar la silla con el herido y llevarlo.
- Cargar al herido en la camilla (bolsa de arpillera)
- Están cansados, sin dejar de tocarse entre todos deciden capturar un burro del campo de al lado (entonces aparecíamos Lucía y Seba – dos coordinadores - con una careta de burro cada uno). Así se dio una mancha cadena que duró muy poco y en la que un grupo hizo trampa porque se soltó. El burro tenía el último sobre.
- Cargar al herido arriba del burro y llegar al otro lado.
La situación fue de pura competencia, el juego duró quizás demasiado poco pero estuvo muy bueno. Jonathan estuvo muy contento en su rol de herido no tanto Christian que se movía mucho.
Juegos de construcción.
Construcción de juguetes.
A partir de la construcción de juguetes luego se puede hacer otra actividad donde se pongan en juego esos juguetes o donde, por ejemplo, los chicos tengan que reconocer de quién es cada juguete para que así se conozcan más.
Había diferentes elementos: lanas, botones, telas, cartones, papeles, témperas, plasticotas, etc. Los chicos se acomodaron alrededor de las cosas y comenzaron con la construcción.
A los pibes se los veía enganchados con el taller, exploraron los diferentes materiales, fueron compartiendo. Algunos se reunieron e hicieron construcciones grupales o en pareja, se vieron naves, personajes de toda forma y color.
Construcción de instrumentos musicales.
Llevamos distintos materiales: botellas, hilos, potes de yoghurt, piedritas para baño de gatos como complemento del arroz, etc.
La creación de instrumentos estuvo muy buena, lo plástico, no me canso de repetir, atrapa mucho. Los chicos empeñaron mucho esfuerzo en la actividad y como resultado obtuvieron cosas muy originales.
Entonces propusieron hacer una murga. Había un grupo dedicado al baile y dos en la percusión. Milagrosamente, se armó una murga increíble: empezaba con un grito que daba pie a los descontrolados de las botellas, en el silencio, las maracas, otro grito y cambiábamos de toque, los chicos alrededor bailando.
Estuvo muy buena, aunque nos quedamos con la duda de si algo de eso tuvo que ver con nosotros.
La caja negra.
Este juego apunta a la imaginación fomentada por la incertidumbre del contenido de la caja. A partir de lo imaginado se construye, se representa y luego, al compararlo con el contenido de la caja (que siempre debe ser lo más sencillo posible) se ve cuanto más de lo que uno cree puede imaginar.
Se dividió al grupo en tres subgrupos por sorteo. Posteriormente se le entregó a cada uno de ellos una caja. En su interior había diferentes objetos, pero al estar forrada y cerrada, los chicos no podían saber que había dentro de ella. La consigna de la actividad era que ellos debían imaginarse que había en su interior. Tenían que anotar en una hoja las características de lo que pensaban que había adentro, para esto ellos podían mover la caja, olerla, etc. Luego construirían los objetos que se imaginaron a partir de las características que habían anotado en la hoja. Para su construcción se ubicó en el centro del aula diferentes objetos: botellas, chapitas, bolsas, cartón, entre otras cosas.
Finalmente se abrieron las diferentes cajas. En las cajas había desde botellas hasta una lata con chapitas que hacían ruido. Luego se comparo lo que había dentro de ella con lo construido.
Fue difícil que no abrieran las cajas pero se logró, los chicos reclamaron el contar con materiales que un poco mejores.
Otros juegos.
La escuela ideal.
Es un juego que se basa quizás en esta máxima de que “otro mundo es posible”, es un juego que apunta a construir una utopía. Es importante pensar de antemano que se va a hacer con las ideas que se propongan ya que lo interesante es después del juego retomar la charla y problematizar la realidad concreta, no imaginaria, para ver cómo se logra concretar esa utopía. De nada sirve dejar esto por la mitad.
Sencillamente se le repartieron hojas a los chicos y se les propuso que dibujen una escuela ideal, su escuela ideal, aquella escuela con la que sueñan.
Al principio estuvo bastante trabado, y no salían del diseño de una escuela tradicional, después se fue aflojando la cuestión, y terminaron saliendo cosas como: huerta, pileta, caber, café, bar, patio, laboratorio, sala de video, sala de música, biblioteca, salón de
usos múltiples, taller de artesanías, sala de reuniones, además de baños y la dirección, que en uno de los grupos fue muy chiquita, en una esquina.
En uno de los grupos salio la idea de hacer, ellos mismos, las cosas que se necesitaban para la escuela (como sillas y mesas en un taller de carpintería, cocinarse, etc.). Participaron en su gran mayoría, y hubo algunos que se integraban de a ratos, quedándose o yéndose del grupo dependiendo, a veces, de la acogida de sus propuestas.
En el encuentro siguiente una chica nos preguntó qué había pasado con la escuela que ellos habían dibujado, preguntó: “¿Cuándo nos van a llevar a conocer una escuela parecida?” Y nosotros le contestamos que esa escuela que ellos soñaron la pueden ir construyendo desde lo que tienen ahora. Por ejemplo, en esa escuela, se soñaba con talleres de teatro, de manualidades, etc. y les comentamos que nosotros también tratamos de pensar actividades relacionadas con eso que dibujaron.
Actuación.
La actuación puede usarse con muchos fines, en este caso la idea fue lograr que los chicos puedan decir aquello que generalmente no pueden, que se liberen actuando. Para que la exposición no fuera tan difícil, primero se construyeron máscaras que permitirían actuar más distendidamente.
Se propuso la actividad de fabricar máscaras con papeles de diarios y revistas. Una vez hechas las máscaras, nos pusimos en ronda y nos numeramos del 1 al 3 y formamos 3 grupos. Cada grupo debía elegir una consigna de las que habíamos escrito en el pizarrón y representarla (hacer una obra de teatro con ese título). Algunos no participaron, pero la mayoría sí lo hizo. Las consignas eran:
1) ¡Qué bueno! Vinieron los chicos de la asamblea
2) ¡Otra vez vinieron los de la asamblea! (como diciendo, “¡Qué pesados!”)
3) ¡Qué aburrido que es el colegio!
4) ¡Qué bueno que pase esto en el colegio!
5) Esto se parece a una clase.
6) ¿Esto se parece a una clase?
Después de 15 minutos de charla, se representaron las obras. Sólo pocos usaron la
máscara. Muchos hablaban mientras otros actuaban (hubo mucho bochinche). Los
temas que eligieron fueron:
Grupo 1: ¡Qué bueno! Vinieron los chicos de la asamblea y ¡Qué
aburrido que es el colegio!
Grupo 2: ¡Qué bueno! Vinieron los chicos de la asamblea
Grupo 3: ¡Qué bueno! Vinieron los chicos de la asamblea
Observamos que a través de la actuación, se pudo expresar cosas sin necesidad de decirlas. Por ejemplo, quedó clara una crítica a la maestra y eso nos pareció importante porque cuando un chico la imitaba decía: “¡Cállese la boca!”, “¡A dirección!”, etc. Cuando nos imitaron en una obra decían: “Yo, me llamo Martín - uno de los coordinadores -, no pude venir la vez pasada”. Notamos entonces, que la presencia es muy importante para ellos.